La misteriosa cueva de Hércules

 

La tradición asegura que Toledo, al igual que otras ciudades españolas como Mérida y Cádiz, fue fundada por Hércules. A Toledo Hércules la hizo centro del mundo y allí construyó un palacio sinigual sobre una cueva, donde acumuló todos los saberes de la tradición arcana, convirtiendo el lugar en un templo que le fue consagrado después de su muerte.

Esta cueva permaneció cerrada con un enorme candado cuya llave se llevaron los sacerdotes del misterioso culto herculano cuando abandonaron el lugar perseguidos por el cristianismo.

Convertida Toledo en la capital visigoda, sus reyes conservaron el secreto implantado por Roma y la estancia no solo fue inviolada, sino que cada rey le añadía un candado más a la puerta que sellaba la misteriosa estancia.

Y todo permaneció oculto hasta la llegada de Don Rodrigo, el último rey godo. Rodrigo, envalentonado, no solo no añadió su propio candado, sino que decidió desentrañar el misterio de los arcanos saberes que se ocultaban en la cueva misteriosa.

Cueva de Hércules
Cueva de Hércules, Toledo (Israel J. Espino)

Allí encontró la puerta con los 24 candados de sus predecesores y un letrero en el que se leía:  “El rey que llegare a abrir esta puerta y descubriere las maravillas que contiene, conocerá los muchos males que han de acaecer”.

Pero ni siquiera esto desalentó a Don Rodrigo, quien empeñado en descubrir los secretos de la cueva  comenzó a romper uno por uno todos los candados. Cuando al fin logró abrir la puerta, el olor fétido de siglos de encierro inundó el ambiente. Las antorchas se apagaron, sus acompañantes huyeron despavoridos, se escuchó un terrible trueno y en uno de los oscuros recodos descubrió una espantosa estatua articulada de bronce que descargaba terribles mazazos a diestro y siniestro. Rodrigo, aguantando los temblores que le provocaba el miedo, habló a la estatua, quien le contestó con una voz terrible que surgía de sus entrañas metálicas, advirtiéndole que cejase en su empeño y que no diera un paso más.

Haciendo oídos sordos, Don Rodrigo continuó caminando y atravesó la puerta. La sala en la que entró estaba repleta de figuras minúsculas dibujadas en las paredes, un numeroso ejército árabe en perfecto estado de batalla. Y desde una sima que parecía no tener fondo emergió un alarido de muchedumbre que parecía acercarse cada vez más, mientras el suelo se iba llenando misteriosamente de sangre, hasta que se mancharon sus chapines del líquido rojo y viscoso, y Don Rodrigo ya no pudo aguantar más y comenzó a correr enloquecido hacia la salida.

Al emerger temblando del lugar, hizo cerrar la puerta de nuevo y enterrarla en tierra, para que nadie más pudiese ver el espantoso futuro que había contemplado y que pronto se cumpliría al pie de la letra: la invasión del reino por los árabes.

Cueva de Hércules (Toledo) by Israel J. Espino
Dicen que durante mucho tiempo, en la cueva cegada se escucharon voces de batalla y alaridos de muertos que impidieron conciliar el sueño a los habitantes de Toledo.

Y lo cierto es que a lo largo de los siglos han sido muchos los que han intentado volver a entrar en la cueva de Hércules.

En el siglo XVI el cardenal Juan Martínez Siliceo, en su Historia Orbis Terrarum, cuenta como se adentró en 1546 en el subsuelo, con miembros del cabildo y obreros especializados que consiguieron apartar las piedras y las arenas que cegaban el recinto. Entonces lograroIsrael J. Espino en la cueva de Hércules  (Toledo=n ver sobre una mesa algunas estatuas de bronce, y más adelante contemplaron horrorizados numerosos huesos humanos en el suelo y escucharon el rumor de una enorme masa de agua que parecía aproximarse, lo que hizo que toda la comitiva huyera despavorida.

Todos los que entraron enfermaron por miedo, y muchos de ellos fallecieron a los pocos días, por lo que el cardenal mando tapiar fuertemente la entrada a la caverna, que permaneció inaccesible en la cripta de la iglesia de san Ginés.

Lo que queda de ella, apenas un inicio, puede visitarse desde el número 2 y 3 del callejón de san Ginés. La iglesia ya no existe, y lo que queda de la cueva apenas conserva parte de la magia y de los arcos romanos que apuntalan la leyenda, lo que no ha impedido que numerosos buscadores de tesoros continúen investigando por los subterráneos de la ciudad, dando por hecho que el  tesoro de los reyes visigodos y la misteriosa mesa del rey Salomón permanecen aun en la oscuridad, esperando al valiente que sepa adentrarse en los arcanos silencios de los saberes ocultos de Toledo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s