La fuente de la Malena y el dragón que aterrorizó Jaén.

 

Hubo un tiempo en el que los dragones campaban a sus anchas por el mundo. Como en la ciudad andaluza de Jaén, y concretamente en una gruta situada al lado del manantial de la Magdalena, donde habitaba un enorme monstruo llamado por el pueblo “El lagarto de la Malena”.
La bestia, como le sucedía al extremeño Lagarto de Calzadilla, algo tenía de reptil y mucho de saurio, no solo por su enorme tamaño, sino también por su gran voracidad, que le impelía a arremeter tan pronto contra los rebaños como contra las personas, que no se atrevían a ir a por agua por miedo al terrible animal.
Hasta que un buen dia llegó la solución al asustado pueblo: un preso condenado a muerte se ofreció para librar a Jaén del monstruo a cambio de su libertad, si es que conseguía sobrevivir a la hazaña.
Para realizar su ingenioso plan el preso solo pidió tres cosas: un caballo veloz, un saco repleto de panes recién horneados, y un saco lleno de pólvora.
Con el aroma de los panes calientes, el preso atrajo al dragón fuera de la cueva, y mientras corría a galope con su caballo le arrojó a las fauces hambrientas el saco de panes, que la bestia engullo con avidez. Como el preso había supuesto, el dragón no tuvo suficiente con un saco, y corrió tras el caballo para conseguir el otro.
Y al llegar a la plaza de San Idelfonso, el preso arrojó a la bestia el saco de la pólvora con la mecha encendida, que fue devorado en un instante por las fauces hambrientas del dragón.
La pólvora, que estalló en el interior del bicho, hizo que dragón reventara de tal manera que aún hoy en día existe una maldición alusiva: “Así revientes como el lagarto de la Malena”.

Viaje a Jaén, 8 mayo 2009 054_edited
Pero el recuerdo del dragón no queda solo en el lenguaje. Hasta hace algún tiempo se podía contemplar en la iglesia de San Idelfonso una piel de reptil que se decía proveniente de la bestia reventada, y en la fuente junto a la que moraba la bestia se levantó una estatua del “lagarto” que aún puede contemplarse en el barrio de la Magdalena.
Hoy, los vecinos vuelven a reunirse alrededor de la fuente con la tranquilidad de saber que el bicho solo pervive en piedra y en leyenda, aunque en las tardes de verano como ésta el aire caliente que envuelve los cuerpos parece el mismísimo aliento de fuego del legendario dragón, empeñado en no abandonar del todo la ciudad y el recuerdo.

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